
Sonora Power por Demian Duarte
CIUDAD DE MÉXICO.- Se presentó apenas el domingo en la base aérea de Santa Lucía y ya ha generado tanta polémica como puede haber. El tema es que todo hace indicar que la oposición mediática y sus adictos en las redes no han alcanzado a entender de qué estamos hablando cuando hablamos del auto eléctrico mexicano.
Para comenzar es una visión de poner la electromovilidad al alcance del pueblo, a la fecha los autos eléctricos disponibles en el mercado son artículos de lujo, solo al alcance de quienes pueden pagar entre medio millón de pesos y otras cantidades que se ubican en el segmento de autos de lujo.
Todo hace indicar que a la fecha la tecnología para impulsar un auto eléctrico ha estado pensada para las elites. Eso hace que Olinia sea un auto revolucionario pues plantea un cambio de paradigma, poner a disposición de la gente en las ciudades un auto eléctrico fácil de usar, fácil de cargar, fácil de comprar.
Comencemos por eso, Olinia es un auto único en su categoría y único en el mercado, será un eléctrico con autonomía de 125 kilómetros con un costo de operación de apenas 49 centavos por kilómetro y que solo costará 150 mil pesos, eso es realmente revolucionario.
La otra cuestión es que Olinia tendrá distintas configuraciones y por lo tanto versiones diversas para cada necesidad y para cada mercado.
Es decir hay un Olinia de carga, uno para uso comercial, un Olinia para ser utilizado como taxi urbano, otro más para uso privado, por la naturaleza de la geografía nacional y la diversidad de climas debe haber un auto Olinia que permita la configuración con aire acondicionado para su uso en climas extremos del noroeste y el sureste mexicanos.
En pocas palabras es una apuesta del gobierno de México de ofrecer una solución de movilidad a quienes nunca la han tenido y agregarle el elemento de que son autos eléctricos, ecológicos y que tienen la facilidad de cargarse en cualquier enchufe eléctrico, le confieren un carácter único.
A la fecha he escuchado todo tipo de críticas, que no tiene bolsas de aire, que no tiene defensas, que si no tiene pantalla para navegar en GPS o para conectar el “centro de infotaiment”, que si no compite con los Tesla o los BYD, y es donde ya nos desconectamos: La propuesta del gobierno es ir al pueblo, no a las elites, ellos (los de clase pudiente) pueden pagarse el auto que quieran, a gasolina, a diésel, eléctrico, con doble tracción, volador o lo que sea.
Quizá eso lo hace tan disruptivo y por tanto tan incomodo para los críticos. Es de nueva cuenta y como lo marca la filosofía del gobierno de la cuarta transformación, un auto pensado para el pueblo, una premisa que se abandonó en la industria desde que desaparecieron al Volkswagen Sedán (precisamente en Alemán el auto del pueblo).
Es en pocas palabras un gran igualador, ya la gente podrá moverse con eficiencia y con bajo costo, no dependerá de rutas imposibles o de tiempos de espera eternos en el transporte urbano de sus comunidades, y no tendrán que invertir fortunas en autos nuevos comerciales, o no tendrán que arriesgar su dinero y su patrimonio en un auto de los llamados “chocolates”, que al final de cuentas pueden ser funcionales, pero son ilegales.
Olinia es una respuesta clara y directa a las necesidades de la gente y mire, ha tenido una cálida recepción entre quienes realmente importan, es decir el pueblo que ya lo tunea, ya lo transforma, ya lo sueña como propio.
Ese es el tema, el auto eléctrico para el pueblo, ya tiene su propio segmento de mercado y será sin duda el lanzamiento más esperado del año 2027.
Eso me lleva al otro gran tema que se desprende de este lanzamiento, la estrategia de desarrollo industrial y por tanto de impulso económico.
Por décadas México abandonó la lógica de tener un plan de desarrollo industrial, dejó para nunca la posibilidad de desarrollar productos propios y le apostó a la industria manufacturera.
La idea y la apuesta central del neoliberalismo era precisamente esa, convertir a México en un país maquilador, sujeto a los caprichos del capitalismo extremo, con una enorme masa de pobres dispuestos a hacer cualquier trabajo, por humillante o extenuante que fuera, a cambio de sueldos de hambre.
La idea era tener una casta privilegiada y una clase trabajadora explotada y explotable, esa era su apuesta.
Por eso desmantelaron y malbarataron la industria nacional y las empresas del estado, la visión era que todo lo que viniera de fuera era mejor y que todo lo mexicano era malo, chafa, desechable.
Olinia es también revolucionario en ese aspecto, pues retoma la idea de tener una industria automotriz nacional, cuyas patentes incluso puedan exportarse a otros países en el mundo, en la que se pueda integrar un auto con 70% de composición nacional y con el que se generen empleos, industria y un nuevo desarrollo nacional.
La mayor parte de quienes se lanzaron a criticar al auto eléctrico mexicano no lo entienden, pero creo que quienes si saben de economía y de desarrollo y se ubican en la oposición, están aterrados ante la iniciativa y emprendimiento que ha demostrado el gobierno de Claudia Sheinbaum, porque de darle al clavo, esto será un hit, que nadie va poder parar.
El prototipo de Olina y la visión de crear esa startup mexicana a partir de la capacidad de innovación de los ingenieros y científicos mexicanos, es un paso al frente de nuestro país y sus consecuencias tendrán un impacto muy relevante en los años por venir.
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La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos en Presentación de Olinia. Zumpango, Estado de México.
Foto: Hazel Cárdenas / Presidencia

