
La inflación volvió a tomar impulso durante la primera quincena de agosto, en una señal de que la batalla contra el aumento de precios aún enfrenta focos de resistencia, particularmente en el sector servicios.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró un incremento quincenal de 0.10%, con lo que la inflación general anual se ubicó en 3.26%. El resultado representa un repunte frente al 3.12% observado al cierre de julio.
Aunque el avance es moderado y la inflación permanece dentro del intervalo de tolerancia del Banco de México —3% más o menos un punto porcentual—, el comportamiento reciente merece atención porque acumula dos quincenas consecutivas de aumentos.
El componente subyacente, considerado un mejor termómetro de las presiones estructurales de precios, aumentó 0.08% en términos quincenales y alcanzó una tasa anual de 3.93%. En contraste, la inflación no subyacente avanzó 0.18% en la quincena y registró una variación anual de apenas 0.96%.
La diferencia entre ambos componentes resulta relevante. Mientras los precios no subyacentes suelen responder a factores más volátiles, como productos agropecuarios, energéticos y tarifas públicas, el componente subyacente permite identificar presiones que pueden permanecer durante más tiempo en la economía.

Servicios, principal foco de presión
Dentro de la inflación subyacente, los servicios continúan representando el mayor desafío. Durante la primera mitad de agosto, sus precios aumentaron 4.34% anual, muy por encima del 3.51% registrado por las mercancías.
Este comportamiento ayuda a explicar por qué, pese a la moderación de algunos componentes de la inflación, el proceso de convergencia hacia el objetivo de 3% de Banxico todavía no está completamente consolidado.
El problema para la política monetaria es que una inflación elevada en servicios suele ser más persistente y puede reflejar incrementos en costos laborales, rentas, transporte, educación, restaurantes y otros servicios que no se ajustan con la misma rapidez que los precios de algunos bienes.
En su última decisión de política monetaria, la Junta de Gobierno de Banxico ya había identificado precisamente este riesgo. Cuatro de sus cinco integrantes señalaron la persistencia de niveles elevados de inflación en los servicios, un factor que podría limitar la velocidad con la que continúe el proceso de relajamiento monetario.
Una señal para Banxico
El dato de agosto no representa, por sí mismo, un cambio de tendencia definitivo, pero sí constituye una señal de cautela para el banco central. El repunte de la inflación general, combinado con la resistencia de los servicios, podría complicar el ritmo de futuras reducciones en la tasa de interés.
Desde una perspectiva económica, el escenario muestra una inflación más contenida que en años anteriores, pero todavía con presiones internas que impiden considerar completamente superado el problema. La reducción de la inflación no depende únicamente del comportamiento de energéticos o alimentos; ahora el desafío se concentra cada vez más en los precios de los servicios.
Para los hogares, el impacto es directo: aunque la inflación anual se mantiene relativamente baja, el encarecimiento persistente de servicios puede seguir erosionando el ingreso disponible y modificar los patrones de consumo.
El dato de la primera quincena de agosto, por tanto, deja un mensaje mixto: México conserva una inflación dentro del rango de tolerancia de Banxico, pero el repunte y la resistencia del componente subyacente advierten que el camino hacia el objetivo de 3% todavía enfrenta obstáculos.

